El 16 de septiembre Google publicó la guía para enlazar tu web con tu ficha dentro del buscador. Detrás de ese detalle técnico hay quince años intentando resolver el mismo problema: saber quién firma lo que la gente lee.
¿Qué ha publicado Google el 16 de septiembre?
Google ha publicado el manual para poner en tu web un botón que lleva a tu perfil dentro del buscador. Es un cambio menor en la documentación y una señal muy clara de dirección: ya existe un lugar oficial donde una marca o una persona quedan identificadas ante Google.
Un perfil de Google es una página tuya dentro del buscador que reúne tu web, tu canal de YouTube y tus cuentas de Instagram, TikTok, X y Facebook en un solo sitio, con un botón para que la gente te siga. Quien te sigue tiene más probabilidades de ver tu contenido en Discover, el feed que aparece al abrir la app de Google.
La guía nueva explica lo básico: tu perfil vive en una dirección del tipo profile.google.com/@tuhandle, Google reparte los archivos del botón y da instrucciones de marca para colocarlo. Nada espectacular. Lo interesante está en los requisitos para tener ese perfil.
Hacen falta 10.000 seguidores en al menos una plataforma, ser mayor de 18 años y cumplir las políticas de contenido de Google. Y hay un límite que cambia la lectura de la noticia: el perfil solo se puede reclamar en Estados Unidos. Desde aquí no se puede.
El listón se ha movido tres veces en quince semanas. En el lanzamiento de junio eran 100.000 seguidores. En agosto bajó a 35.000, según anunció Robby Stein, vicepresidente de producto de Google Search. Ahora la documentación marca 10.000. Google baja la puerta de entrada muy deprisa para una función que, según dice, no sirve para posicionar.
Porque eso también está por escrito: crear un perfil no afecta directamente al posicionamiento de tu contenido. Lo que cambia es Discover y el panel de conocimiento. Y un detalle que casi nadie ha comentado: cuando modificas tu nombre, tu biografía o tus enlaces, los cambios quedan pendientes hasta que Google los aprueba. No es un perfil social. Es un registro con revisión editorial.
¿Por qué Google lleva quince años detrás de la autoría?
Porque la misma frase no vale lo mismo según quién la diga, y Google nunca ha tenido forma fiable de saber quién la dice. Esa es la pieza que le falta desde el principio.
Authorship: la foto del autor en los resultados
La idea aparece en una patente de 2007, Agent Rank, que planteaba puntuar contenidos según la reputación de quien los firma. Se convirtió en producto en junio de 2011 con Google Authorship: enlazabas tu artículo con tu perfil de Google Plus mediante la etiqueta rel="author" y tu foto salía junto al resultado en el buscador.
Funcionó tres años. En junio de 2014 desaparecieron las fotos. El 28 de agosto de 2014 John Mueller, de Google, anunció el cierre completo: dejaban de mostrar la autoría y dejaban de procesar el marcado. Las razones que dio fueron dos: muy poca gente lo implementaba, y de los que lo hacían, muchos lo hacían mal.
Authorship no se cayó porque la idea fuera mala. Se cayó porque dependía de dos cosas frágiles: que cada web se etiquetara correctamente a sí misma y que una red social que no cuajó sirviera de documento de identidad.
E-E-A-T: la reputación que se juzga a ojo
Después de 2014 Google cambió de estrategia. Dejó de verificar autores y empezó a pedir que la solvencia del autor se notara al leer la página.
De ahí sale E-E-A-T, el marco con el que los evaluadores humanos de Google valoran la calidad de un resultado: experiencia, conocimiento especializado, autoridad y confianza. La primera E se añadió el 15 de diciembre de 2022, para recoger el valor de haber hecho o vivido aquello de lo que se habla. Google dejó claro además que la confianza es el centro de las cuatro: una página que no genera confianza tiene mala puntuación por mucho experto que la firme.
En los temas que Google llama YMYL, los que afectan a la salud, al dinero o a la seguridad de alguien, las directrices son más duras: cierta información tiene que venir directamente de expertos. Es justo donde la identidad del autor pesa más, y justo donde menos se puede comprobar.
Porque los evaluadores no deciden posiciones. Entrenan a los sistemas que sí las deciden. Y lo que ellos valoran es la impresión que produce una página. Un estudio de la Universidad de Stanford sobre credibilidad web, con más de 2.600 participantes, encontró que el 46,1 % de los comentarios sobre si un sitio era creíble se referían al aspecto visual. Es de 2003 y hay que leerlo como lo que es, una referencia histórica, pero explica bien el fondo del asunto: cuando no hay un registro que consultar, la credibilidad se juzga por cómo se ve.
¿Cómo se comprueba hoy que detrás de un artículo hay alguien real?
Con señales que declara el propio sitio. Todas ellas.
La lista es conocida para cualquiera que haya montado un blog con criterio. Una foto real en lugar de una silueta de banco de imágenes. Una página de autor con biografía y cargo. La propiedad author.url apuntando a esa página. La propiedad sameAs enlazando el perfil de LinkedIn, el canal de YouTube o la cuenta de X. El marcado ProfilePage para la ficha del autor. El campo jobTitle con el cargo real.
Google recomienda todo esto de forma explícita en su documentación de datos estructurados: usar el tipo Person para personas, no fundir varios autores en un mismo campo, y añadir url o sameAs para poder distinguir a un autor de otro con el mismo nombre. La palabra que usa es desambiguar. Le sirve para saber de qué Juan García estamos hablando.
Por encima de todo esto está el techo: aparecer en Wikipedia o en Wikidata, que convierte a una persona en una entidad del grafo de conocimiento de Google. Es la señal más fuerte que existe y prácticamente ninguna pyme va a entrar ahí, porque Wikipedia exige cobertura en medios independientes para aceptar una ficha.
Y aquí está el problema de fondo. Todas esas señales las pones tú. Enlazas a perfiles que también controlas tú. Google las cruza entre sí y comprueba que son coherentes, pero no comprueba que sean ciertas. Un autor inventado, con una foto de stock y un LinkedIn vacío creado la semana pasada, firma sobre el papel exactamente igual que alguien con veinte años de oficio. Si te has preguntado alguna vez por qué tu web no termina de despegar en Google pese a tener buen contenido, esta es una de las capas que casi nadie revisa.
¿Convierte esto al autor en algo medible?
Por primera vez Google tiene datos verificados sobre una persona y no solo sobre una página. Esa es la novedad real del perfil, y no el botón.
Mira el proceso de reclamación. Para crear el perfil tienes que iniciar sesión en la cuenta de la plataforma que cumple el mínimo de seguidores. Eso ya no es declarar una identidad, es autenticarla contra un tercero. Los cambios de nombre, biografía y enlaces pasan por revisión de Google antes de publicarse. Y encima hay una cifra que Google posee y tú no puedes inflar: cuánta gente ha decidido seguirte.
Google afirma hoy que crear el perfil no afecta al posicionamiento, y no hay motivo para dudar de la frase. Pero conviene tenerla junto a la otra mitad de la historia. Los dos intentos anteriores de medir al autor se cayeron por falta de datos fiables sobre las personas. Ahora esos datos existen, con cuenta, con autenticación, con revisión y con una métrica de audiencia. Eso no es una predicción, es una descripción de lo que hay encima de la mesa.
La conexión con la búsqueda con IA es directa. Los sistemas generativos citan de un conjunto de fuentes mucho más concentrado que el índice de Google. Un análisis de Meltwater sobre más de ocho millones de citas en ocho modelos de lenguaje, entre abril y mayo de 2026, describe una jerarquía cada vez más rígida, con YouTube, Reddit, Wikipedia, los Institutos Nacionales de Salud y Statista en la cúspide. En un escenario así, que un sistema pueda resolver sin ambigüedad quién eres deja de ser cosmética y pasa a ser condición de entrada.
¿Te sirve esto si tienes una pyme en España?
El perfil no lo puedes reclamar todavía. Lo que sí puedes hacer es tener resuelto lo que el perfil va a formalizar cuando llegue.
La diferencia entre las empresas que se benefician de estos cambios y las que los ven pasar rara vez está en la velocidad de reacción. Está en si el trabajo de base estaba hecho antes. Es la misma lógica que explicamos al hablar de por qué hacer más cosas no es crecer: cinco decisiones bien tomadas valen más que cincuenta movimientos.
- Firma con una persona. Nombre real, foto real, cargo real. Un artículo sin autor es un artículo que nadie respalda.
- Monta una página de autor con credenciales comprobables. Años de oficio, clientes, formación, certificaciones. Enlazada desde cada pieza que firma.
- Marca la autoría con datos estructurados. Tipo
Person,author.urla la página de autor ysameAsa los perfiles activos, empezando por LinkedIn. - Unifica nombre y foto en todas las plataformas. Si en LinkedIn eres una cosa y en YouTube otra, estás partiendo tu propia entidad en dos.
- Activa el botón de Fuentes Preferidas. Funciona en España, está disponible en todos los idiomas desde abril de 2026 y desde mayo las fuentes marcadas aparecen señaladas dentro de AI Overviews y AI Mode. Google publicó el botón oficial el 20 de agosto de 2026.
Ese último punto es el que más se parece a lo que viene. En el posicionamiento decide un algoritmo. En Fuentes Preferidas decide un usuario que te marca a mano. Parte de tu visibilidad empieza a depender de que alguien te elija de forma explícita, y eso se gana publicando con constancia y con criterio, no ajustando etiquetas.
Google lleva quince años intentando poner nombre y apellidos a lo que indexa. Durante quince años lo ha intentado con herramientas que dependían de la buena fe de cada web. Ahora ha empezado a construir el registro él mismo. Lo sensato es que cuando abra aquí, tu empresa ya tenga una identidad clara que enchufar, y no esté empezando a montarla. Si estás pensando en cómo estructurar tu web para que venda más, la firma es parte de esa estructura, no un adorno del pie de página.